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Las fábulas cortas son excelentes para leer con tus hijos y educar en valores. En cada una de ellas siempre encontrarán importantes enseñanzas además de disfrutar de un bonito momento de lectura.

fabulas para niños

¿Qué son las fábulas? Son cuentos cortos con moraleja. Las de Esopo, Samaniego o Fontaine son las más famosas y seguro que les encantarán a los chicos.

 

Se trata de historias que protagonizan leones, ratones, zorros, caballos, asnos y cuervos y que tienen cualidades humanas. Sus experiencias nos invitan a reflexionar sobre diferentes aspectos de la vida.

 

Hemos seleccionado algunas fábulas para compartir con tus hijos. Aprovecha la oportunidad y desarrolla con ellos algunos ejercicios de comprensión lectora, con preguntas como:

 

  • ¿Podrías hacerme un resumen de la lectura?
  • ¿Te gustó la historia?
  • ¿Qué le cambiarías?
  • ¿Cómo son los personajes? ¿Qué cualidades tienen?
  • ¿Cuál es tu personaje favorito en esta lectura? ¿Por qué?
  • ¿Qué aprendiste de la lectura?
  • ¿Cuál sería la moraleja de esta historia para ti?

 

Se trata de aprovechar la experiencia y lograr que capten todos los mensajes que les facilita este recurso literario. ¡Esperamos que les gusten tanto como a nosotras!

  • La liebre y la tortuga
fabulas para niños

En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa, porque ante todos decía que era la más veloz.

Por eso, constantemente se reía de la lenta tortuga.

– ¡Miren la tortuga! ¡Eh, tortuga, no corras tanto que te vas a cansar de ir tan de prisa! – decía la liebre riéndose de la tortuga.

Por eso, constantemente se reía de la lenta tortuga.

– ¡Miren la tortuga! ¡Eh, tortuga, no corras tanto que te vas a cansar de ir tan de prisa! -decía la liebre riéndose de la tortuga.

Un día, conversando entre ellas, a la tortuga se le ocurrió hacerle una rara apuesta a la liebre.

– Estoy segura de poder ganarte una carrera – le dijo.

– ¿A mí? – preguntó, asombrada, la liebre.

– Pues sí, a ti. Pongamos nuestra apuesta en aquella piedra y veamos quién gana la carrera.

La liebre, muy divertida, aceptó. Todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. Se señaló cuál iba a ser el camino y la llegada. Una vez estuvo listo, comenzó la carrera entre grandes aplausos.

Confiada en su ligereza, la liebre dejó partir a la tortuga y se quedó remoloneando. ¡Vaya si le sobraba el tiempo para ganarle a tan lerda criatura!

Luego, empezó a correr, corría veloz como el viento mientras la tortuga iba despacio, pero, eso sí, sin parar. Enseguida, la liebre se adelantó muchísimo. Se detuvo al lado del camino y se sentó a descansar.

Cuando la tortuga pasó por su lado, la liebre aprovechó para burlarse de ella una vez más. Le dejó ventaja y nuevamente emprendió su veloz marcha. Varias veces repitió lo mismo, pero, a pesar de sus risas, la tortuga siguió caminando sin detenerse.

Confiada en su velocidad, la liebre se tumbó bajo un árbol y ahí se quedó dormida. Mientras tanto, pasito a pasito, y tan ligero como pudo, la tortuga siguió su camino hasta llegar a la meta.

Cuando la liebre se despertó, corrió con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde, la tortuga había ganado la carrera.

Aquel día fue muy triste para la liebre y aprendió una lección que no olvidaría jamás: No hay que burlarse jamás de los demás.

 

Moraleja: no se debe uno burlar de los demás, ni presumir o ser vanidoso. La constancia vale más que hacer alarde de lo que hacemos.

  • El ratón y la rana

Un ratón de tierra se hizo amigo de una rana, para desgracia suya. La rana, obedeciendo a desviadas intenciones de burla, ató la pata del ratón a su propia pata. Marcharon entonces primero por tierra para comer trigo, luego se acercaron a la orilla del pantano.

La rana, dando un salto arrastró hasta el fondo al ratón, mientras que retozaba en el agua lanzando sus conocidos gritos. El desdichado ratón, hinchado de agua, se ahogó, quedando a flote atado a la pata de la rana.

Los vio un milano que por ahí volaba y apresó al ratón con sus garras, arrastrando con él a la rana encadenada, quien también sirvió de cena al milano.

Moraleja: Toda acción que se hace con intenciones de maldad, siempre termina en contra del mismo que la comete.

  • La paloma y la hormiga

Obligada por la sed, una hormiga bajó a un arroyo; arrastrada por la corriente, se encontró a punto de morir ahogada.

Una paloma que se encontraba en una rama cercana observó la emergencia; desprendiendo del árbol una ramita, la arrojó a la corriente, montó encima a la hormiga y la salvó.

La hormiga, muy agradecida, aseguró a su nueva amiga que si tenía ocasión le devolvería el favor, aunque siendo tan pequeña no sabía cómo podría serle útil a la paloma.

Al poco tiempo, un cazador de pájaros se alistó para cazar a la paloma. La hormiga, que se encontraba cerca, al ver la emergencia lo picó en el talón haciéndole soltar su arma.

El instante fue aprovechado por la paloma para levantar el vuelo, y así la hormiga pudo devolver el favor a su amiga.

 

Moraleja: Una buena acción es recompensada con otra buena acción.

  • La gallina de los huevos de oro

Érase un labrador tan pobre, tan pobre, que ni siquiera poseía una vaca.

Era el más pobre de la aldea. Y resulta que un día, trabajando en el campo y lamentándose de su suerte, apareció un enanito que le dijo:

– Buen hombre, he oído tus lamentaciones y voy a hacer que tu fortuna cambie. Toma esta gallina; es tan maravillosa que todos los días pone un huevo de oro.

El enanito desapareció sin más y el labrador llevó la gallina a su corral.

Al día siguiente, ¡oh sorpresa!, encontró un huevo de oro. Lo puso en una cestita y se fue con ella a la ciudad, donde vendió el huevo por un alto precio. Al día siguiente, loco de alegría, encontró otro huevo de oro.

¡Por fin la fortuna había entrado a su casa! Todos los días tenía un nuevo huevo.

Fue así que poco a poco, con el producto de la venta de los huevos, fue convirtiéndose en el hombre más rico de la comarca.

Sin embargo, una insensata avaricia hizo presa su corazón y pensó: ¿Por qué esperar a que cada día la gallina ponga un huevo? Mejor la mato y descubriré la mina de oro que lleva dentro.

Y así lo hizo, pero en el interior de la gallina no encontró ninguna mina.

 

Moraleja: A causa de la avaricia el aldeano perdió la fortuna que tenía.

¿Qué te han parecido estas fábulas para niños? Si conoces alguna otras fábulas para niños y quieres compartirlas con nosotros y los demás padres escríbenos y nos cuentas

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